sábado, 15 de diciembre de 2012

¿Sabes lo que es?

¿Sabes qué es acaso quedarte horas y horas pensando en lo guapo que te veías ayer?
¿Sabes qué es no dormir pensando en el cómo te saludaré mañana?
¿Sabes lo qué es saber que me has leído pero siquiera contestado?
¿Sabes qué es saber que ya formo parte de tu pasado?
¿Sabes qué es no poder olvidarte?
¿Sabes qué es estar horas y horas mirando ropa para luego que ni me mires?
¿Sabes lo qué es estar enamorada?
¿Sabes lo qué es no ser correspondida?
¿Sabes lo qué es el no poder besarte?
¿Sabes lo qué es que tus abrazos no sean míos ahora?
¿Sabes lo qué es extrañarte tanto que duela?

No, no quiero estar sola.

Y lo peor, es que lo estoy haciendo, estoy haciendo que me dejen sola.
Estoy llamando a la soledad a chillidos, para que venga y me acompañe.
¿Qué ironía no? Llamar a la soledad, para que te acompañe en tu tortura.
Llamar a la soledad, para no estar sola.
Esto da miedo, no quiero vivirlo.
No me dejes sola.
No quiero estarlo.
Quédate conmigo.

"El truco está en asfixiar al príncipe hasta que se ponga azul."

miércoles, 24 de octubre de 2012

Me siento sola, aunque esté rodeada de gente.

Odio esto.

Odio este sentimiento de vacío.
Continuamente, intentar llenarlo con algo, y encontrar el apoyo en la comida.
Comer y comer, y luego darme asco. Demasiado asco.
Querer romper el espejo. Querer ser invisible al comprar, por no encontrar mi talla, que todos me miren y se rían.
Es horrible, me deprimo, y como más.
Es un puto círculo cerrado, y estoy harta de eso.

martes, 23 de octubre de 2012

¿Mi vida?

Pues es como una escalera mecánica sin final.
Voy subiendo escalones, y cuando creo que he llegado arriba del todo, veo que hay un escalón más, y estoy tan agotada, que caigo.
Y entonces ya no tengo ganas de subir más. Tan solo quiero quedarme abajo y desaparecer de la vista de todos.
Quiero quedarme ahí, pero de repente, vislumbra alguien ahí arriba, y me parece tan maravilloso que deseo subir y conocerlo, y por el camino suena su voz, diciéndome que puedo, haciéndome sonreír, mostrándome que, quizá, la vida si merece la pena.
Pero cuando llego arriba, olvida que existí, que fui la persona que ayudó a llegar ahí arriba, y con su simple indiferencia me empuja hacia abajo y caigo, o quizá me tiro yo, no lo sé.

No tengo celos de esas zorras.

Lo que tengo miedo es que esas zorras te aparten de mí.